Tango: Bajo la luz de un farol

Un intento de aproximación histórica que pretende desentrañar los orígenes del Tango, género ícono y representativo de los argentinos. Metiéndonos entre los callejones que desembocan en su nacimiento, su evolución y, en definitiva, los rasgos que lo distinguen. Sus grandes maestros y su trascendencia mundial.
Quizá haya nacido en el patio de algún conventillo, en algún piringundín o en una esquina. Quizá la mezcla de raíces, de culturas, de costumbres, de formas de expresión y de contrastes de la Buenos Aires que creció desde mediados del Siglo XIX haya hecho eclosión en esta danza, en este género. Quizá su nombre, de clara y reconocible pronunciación, provenga de lenguas o dialectos africanos.
Es imposible establecer con precisión ni cómo, ni dónde, ni cuándo surgió. Pero lo cierto es que alguna tarde -o noche-, a la vera del Río de la Plata, una pareja bailó un tango aunque el tango no existía como tal. Probablemente hayan bailado una habanera; pero bailaron un tango por primera vez.
Hoy se erige como una danza distinguida, presente en los salones más notables del mundo. Deslumbra a reyes, a presidentes, a personas poderosas y a celebridades por su elegancia, su atractivo y su prestigio. Miles de turistas que visitan Buenos Aires no quieren dejarla sin antes bailar un tango, sin vivir la experiencia y disfrutarla. Pero lo que hoy es considerada como una danza de excelencia – digna de los más imponentes escenarios- , antes estuvo condenada a la marginalidad, a la orilla.

Sus orígenes
Este complejo fenómeno cultural que es el Tango, que acopia a la música, al baile, a la canción y –por qué no- a la poesía, no tiene una fecha de nacimiento. Más bien su nacimiento, de forma evolutiva, fue moldeándose a medida en que diferentes variantes le imprimieron las características que hoy tiene. Pero si pretendemos dar una pista acerca de sus orígenes, debemos remitirnos al trabajo de muchos estudiosos que, revolviendo entre los rasgos populares de una clase que comenzaba a constituirse en una agitada sociedad porteña, coinciden en señalar al final de la década de 1850 como el posible punto de partida de lo que entonces era una particular manera de bailar.
Esa sociedad porteña se conformaría con un gran porcentaje de extranjeros (en su mayoría europeos). Gauchos e indios provenientes del interior del país que en ese contexto eran equiparados, también, como foráneos. Este sector conformado por esos inmigrantes pertenecían, además, a los estratos más bajos de la escala social y escuchaban y bailaban chotis, habaneras, polkas, mazurcas y algún que otro vals. También puede que el candombe que bailaban los negros (otra buena porción de aquella población de inmigrantes) cuya danza asumía una forma en que las parejas no se enlazaban y se movian de una manera más marcada por la percusión que por la melodía, haya tenido algo que ver. Pero lo que sí es más preciso, es que nuestro Tango -el criollo-, deviene del Tango andaluz. Éste fue traído por la Zarzuela, y la primera compañía de zarzuela que llegó a Buenos Aires lo hizo en 1854.


Roberto Selles, escritor y poeta bonaerense, hombre académico y erudito en la materia y a quien consultó esta revista, explica ampliamente en su libro “El origen del Tango” que la primera danza llamada “tango” sí era de negros, de los negros cubanos; de la que deriva el tango andaluz, y de éste, el nuestro. En cuanto a su nombre, y ya que el vocablo existía aún antes que la propia música, hay miles de teorías pero entre tantas, tal vez las más aceptables son las que proponen su origen africano. El sonido del vocablo, nos remite a muchas palabras de dialectos, sobre todo del oeste del continente negro. En algunos lenguajes de allí, el Tango tiene significación de `lugar cerrado`, o el lugar donde se baila. En España la palabra tenía significación de bailes africanos. A su vez entre los mandingos, se dice dongo por “bailar” y tomtom o tamtamgo al “tambor”, por lo que evidentemente, la onomatopeya “tamtam”, más la desinencia “ngo”, devino en “tango”, con las acepciones de “tambor”, “sitio donde se danza”.
Como decíamos antes los primeros pasos de nuestro tango, el criollo (o el argentino, como quieran llamarlo), se copiaba del andaluz. Pero como toda expresión que migra de una cultura a otra, empieza a adquirir sus rasgos propios. ¿Cómo es que empieza a formalizarse el nuestro dejando atrás al andaluz? Los primeros tangos, salvo algunas letras, tenían poco que ver con las calles porteñas, no tenían difusión a no ser que se escucharan al son de algún organito por las calles. Pero todo empieza a cambiar – en la práctica – con los músicos locales. Eran ´orejeros` (aprendían a tocar por repetición y memoria auditiva), es decir que no sabían leer ni escribir música, de modo que comienzan a simplificar los ritmos que interpretaban. Otras cuestiones eran, por un lado la exigencia coreográfica de los bailarines; y por el otro, la cantidad de horas que tenían que tocar en las veladas que, al no tener un repertorio amplio, los obligaba a hacer fluir la improvisación tocando (a su manera) chotis o polkas, hecho que contribuyo aún más a enriquecer y formalizar su nueva fisonomía. Esto lo explica detalladamente en muchos trabajos el poeta y autor de canciones de tango, Horacio Ferrer, “bajo el influjo creador de los danzarines, la música del tango criollo tomaba el camino de su plena cristalización”, sostiene quien es además el presidente de la Academia Nacional del Tango. “Dentro de esta modalidad –dice Ferrer-, el tango criollo cobraba un nuevo relieve temperamental: comenzaba a ser, no ya en la superficie de su nombre, sino en la entraña misma de su música, genuina e inconfundible expresión rioplatense”. En esa coyuntura iba a crecer nuestro tango, y en medio de las oleadas de inmigrantes que llegaron al puerto de Buenos Aires, y sus penurias, y su destierro, y los nuevos amigos, y los cafés, y los prostíbulos.

La danza que salió del arrabal para llegar a París

Tanto los inmigrantes, como el resto de la población marginal de Buenos Aires vivían (hacia principios de 1880) de manera muy precaria. Estaban hacinados en los famosos conventillos, cuyas habitaciones se levantaban en construcciones muy pobres de material, madera y chapa. Luego, el grueso de inmigrantes que llegarían años más tarde iban a agudizar más la situación, pero ésa es otra historia. El asunto es que a raíz del incremento demográfico desmedido sumado al crecimiento urbanístico descontrolado, la ciudad sufrió transformaciones notables, con la aparición de muchos sitios nuevos. Esa población de inmigrantes era, en su mayoría, de hombres solos y esto dio pie a la aparición de “academias”, “Peringundines”, “casinos” y “casitas”, que no eran otra cosa que los nombres con los que se encubrían a los prostíbulos y donde acudían estos hombres solos en busca de alguna compañera ocasional. Y aquí se bailaba nuestro tango, y en este contexto empezó a tomar estado popular, entre la gente que pertenecía a los bajos fondos. Y si el tango ya era popular porque la clase baja lo había adoptado, entonces las clases altas lo rechazaban. De aquí se desprendían aquellos conceptos y adjetivos difamatorios: baile pecaminoso e inmoral, con tendencia a lo obsceno o lo lúbrico (propenso a la lujuria). El historiador y miembro de la Academia porteña del lunfardo, José Gobello, sostiene que “el tango no era un baile indecente y que todo dependía de cómo se lo bailara. Cualquier baile puede ser indecente y decente”. Pero aun así se profundizó su auge y rápidamente llegó a espectáculos públicos. Y llegó a París, comenzado ya el siglo XX.Y como suele darse con este tipo de movimientos culturales, una vez aceptado en París, ganó popularidad en el resto de Europa y EE.UU. Cuentan que los ´niños bien` de Buenos Aires bajaban a los arrabales a cultivar la fiesta y – de paso- ´engancharse alguna mina`. Y el tango (baile prohibido en sus casas) era el vehículo para esto, por supuesto. Luego serían éstos mismos chicos bien los que en sus viajes a Europa lo llevarían a la “Ciudad Luz”, cuna de una sociedad plural y desprejuiciada y, sobre todo, amante de los bailes. Y una vez allí, floreció primero como una curiosidad y luego como una moda y furor después. Entonces el Buenos Aires querido de la emergente burguesía porteña quiso parecerse a París. Selles cuenta que en 1913, un noble de origen italiano, el barón Antonio De Marchi -yerno del general Roca- dio un concurso de tango en el Palace Theatre, de la calle Corrientes -en el que, entre otros, bailó El Cachafaz-, al que asistió la alta sociedad. Una vez aceptado por la clase alta, lo acepta (en consecuencia) la clase media, pero ambas a su manera. Sin el corte y el quiebre propios del ´compadrito`, sino liso, como imponían las normas de cortesía y buena conducta.

Letras de Tango
Y yo me hice en tangos/ me fui modelando en barro, en miseria, / en las amarguras que da la pobreza, / en llantos de madre, / en la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos
cuando el hambre viene…Y yo me hice en tangos / porque el tango es macho! / porque el tango es fuerte!/ tiene olor a vida, tiene gusto… a muerte.
Estos fragmentos pertenecen al recitado, mil veces escuchado en voz de Julio Sosa de “La Cumparsita”, que reflejan parcialmente algún modo de componer. Letras que retratan – cual daguerrotipos en sepia – la voz gris y el espíritu febril; el ánimo ajado por la nostalgia y el lamento, el cuero curtido y – a la vez – tenaz, pero sobre todo la pose de hombre duro propio de la época y de la clase que lo había adoptado desde un principio. Aquí decantan, también, las penas de los inmigrantes que dejaron sus casas del otro lado del atlántico con la esperanza de un futuro que en muchos casos no terminó siendo el mejor, mezclado con la nostalgia por el retorno. Y que vieron impreso su sello en el mestizaje lingüístico devenido en el lunfardo tan presente en sus canciones. Pero antes de esto ya tenía letra. Roberto Selles explica que sencillamente el tango siempre tuvo letra. Desde el primerísimo ´Tomá mate, che`, que data de 1857 con letra y música de Santiago Ramos. “Las primeras eran para el teatro o bien coplas y letrillas prostibularias, directamente pornográficas. La letra profesional -es decir, para ser entonada por cantores y cancionistas ya profesionales- se inicia hacia 1900, con Ángel Villoldo, compositor y letrista, autor de “El choclo”, “El porteñito”, “El esquinazo” o la letra de “La morocha” (música de Enrique Saborido)”,dice. Eran letras compadritas y en primera persona, que fueron parte del período de formación. El gran cambio se iba a producir con Pascual Contursi, que en “Mi noche triste” (1915, estrenado por Gardel en 1917) inicia la letra amorosa y sentimental. En cuanto a las influencias de las mismas destaca que “las letras de Villoldo y sus seguidores provenían de tres corrientes: los tangos de zarzuela, los prostibularios (ya adecentados) y la lírica campesina (en algunos de sus tangos de temática bucólica no está ausente la influencia del `Martín Fierro´)”. La letra definitiva (a partir de Contursi) muestra ya lecturas de poetas; y se advierte, principalmente, la influencia de Evaristo Carriego y Rubén Darío. Y por supuesto, la influencia de García Lorca en la generación del ´27, evidente en Homero Manzi y Enrique Cadícamo.

Cada día canta mejor
De entre tantos otros (y buenos), no se puede eludir a la figura culpable de la consolidación del Tango- Canción en el mundo. El más perdurable mito porteño, extraño y exclusivo fenómeno que se fue trasmitiendo de generación en generación y aún perdura. Carlos Gardel sería, pues, el icono más representativo de la voz del Tango. Un joven de procedencia tan incierta como la del propio tango (algunos sostienen que nació en Francia; otros, que nació en Buenos Aires pero que vivió de niño algunos años en el país galo) que crecería empapándose de las costumbres porteñas. Y en su afán de conseguir alguna moneda, frecuentaría cafetines donde entre copas de ginebra, espeso humo de tabaco y auditorio generalmente “no muy santo” desplegaban su ingenio los payadores. De éstos aprendería las artes de la expresión vocal. La simpatía innegable y la magia de su voz lo perfilarían entonces como un fenómeno diferenciado y el “Morocho del Abasto” (luego de conquistar el gran Buenos Aires) llevaría su canto a la vieja Europa. A Madrid, a Barcelona (sobre los escenarios del teatro Goya), y a la siempre exigente París, y a la cosmopolita Nueva York, y al mundo.
Pero hoy nuestro tango tiene una trascendencia mucho más musical y coreográfica (sobre todo por la admiración que viene del extranjero) que actúa en detrimento de su fabulosa poesía. Quizá por la aparición del rock, que lo apartó de su elemento contestatario quedándose éste último con ese rol indudablemente más marcado. Y evidenciando que el tango usa la figura nostálgica para evocar un tiempo pasado que fue mejor y resalta valores más universales, a diferencia del rock que es mas vocero de una protesta social. El tango se muestra hoy por el lado de la reivindicación de aquellos rasgos que encontramos en su ADN y que le dieron su origen. La reivindicación de esa cultura de amigos, de los café, del barrio, de la barra de amigos y que nos remontan a un tiempo que ya no está. Y representa al porteño porque tiene la idiosincrasia de un pueblo. “Así como el blues, que representa al negro del sur estadounidense; el flamenco, al andaluz; el samba al bahiano y así en más. Los géneros musicales auténticos reflejan las costumbres y el modo de sentir de los pueblos a los que pertenecen”, afirma Selles. Aunque también estamos a la altura de decir que es una marca nacional, como pocas cosas. Decir Tango es remitirse inequívocamente a nuestro país entero; así como decir “Maradona” -y hoy Messi- es como presentar un pasaporte argentino. Porque si bien nació en el Rio de la Plata, hay miles de bares desperdigados en cada una de las provincias argentinas donde algún cantor te canta un tango, de la misma manera que se ve alguna pareja de danzarines en donde el varón le `arranca´ una figura a la mujer, que cierra los ojos dejándose llevar. Porque cuando bailan, no hacen otra cosas que soñar con los pies.

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Comments
2 Responses to “Tango: Bajo la luz de un farol”
  1. Margarita Del Valle Avila dice:

    Excelente artculo sobre el Tango,historia y vida en los argentinos.Felicitaciones y gracias por compartir!!

    Date: Tue, 21 Aug 2012 14:38:00 +0000 To: margavilatuc@hotmail.com

  2. Quienes son los autores de las ilustraciones?

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