Orlando Navarro: “El tango es el folclore de la ciudad”

Es el cantor de tango más popular de Tucumán. Grabó y forjó una amistad con el eximió bandoneonísta Rubén Juárez. Su vínculo con la música ciudadana lo refuerza por medio de la radio, la televisión y la producción de eventos.

Su voz contundente delata su pasión, ese caudal grave que fluye de su garganta exhala arrabal en cada frase que sale de su boca. A sus 68 años, Orlando Navarro es uno de los cantores de tango más populares de Tucumán y percibe al ritmo del 2×4 con devoción.

 

¿Cuándo empezó su carrera?

Estoy en el ambiente artístico desde los 14 años y hace prácticamente 55 que canto. Hice música moderna y folclore, pero fue el tango el que me ha solemnizado. En mi adolescencia formé parte de “Los Rebeldes del Ritmo”, hacíamos, salvando las distancias, la misma música que  el mexicano Enrique Guzmán y Los Demonios del Ritmo. La fuerza de la juventud nos llevaba a desarrollar todo esto, tocábamos puertas por una oportunidad y nos fue bien, gracias a eso conocimos varias provincias como La Rioja, Catamarca, San Luis, San Juan y Mendoza. Después, junto a Rubén Lobo, quien fue músico de Mercedes Sosa y León Gieco, armé el grupo folclórico “Los Naranjeritos” con el que obtuvimos una buena aceptación en el ámbito local.

 

¿Por qué eligió el tango?

El tango te llega solo, cuando comenzás a  incorporar la letra como historias tuyas. El tango tiene esa proyección, Yo lo digo siempre en todos los escenarios, para mi el tango es la perfecta conjunción de letra y música. Hay letras que se convirtieron en frases  que la gente ha incorporado, se han convertido en dichos populares.

 

¿Entonces, el tango lo atrapó de grande?

Me empieza a gustar el tango a los 30 y me empiezo a meter. Aunque para el tango no hay edad, sí tiene que ver con la vida. Para cantarlos hay que asumirlos y eso significa que hay cosas que únicamente habiéndolas vivido se las puede transmitir. Los tangos dicen muchas cosas. Es imprescindible interpretarlos respetando el espíritu que le dio el autor.

 

¿Qué tipo de tango le gusta y a quién admira?

Todos los tangos me gustan y admiro a todos lo que me han precedido, sean importantes o no en la música. Me gustan los tangos fuertes. Pero si bien un Homero Manzi dibuja barrios, pinta lugares, transmite emociones, también están los tangos de Eladia Blázquez, llenos de sentimientos o hay tangos distintos y maravillosos como los de Astor Piazzolla. Tampoco me puedo olvidar lo que hace Chico Novarro o Cacho Castaña. Además, hay gente que no es famosa y sin embargo canta bien, lo dice bien al tango. No hace falta ser porteño para interpretar y sentir al tango. Si bien los orígenes del tango se encuentran en el Río de la Plata (Buenos Aires y Montevideo), el interior (de Argentina) tuvo muy buenos exponentes como los santiagueños Homero Manzi y Argentino Ledesma, el marplatense Astor Piazzolla, los santafesinos Raúl Lavié y Chico Novarro o el tucumano Miguel Montero.

 

La voz del tango

 

La figura de Navarro comenzó a consolidarse en la escena tucumana cuando se consagra “La voz del tango” en 1986. A partir de entonces, su nombre comienza a ser sinónimo del tango dentro de su provincia y fuera de ella.

 

¿Cómo fue aquella experiencia de cantar en los festivales de Cosquin y Baradero?

Maravillosa, me fue bien. Entre los 80’ y 90’ canté seis o siete veces en esos festivales y gané la mención de “Cantor Solista de Tangos”. Tenés que saber elegir el tema para que le llegue a la gente y al jurado. Para mí era una responsabilidad enorme, yo estaba representando a Tucumán. Este año estuve en los festivales de la Verdura (El Mollar), del Queso (Tafí del Valle), del Limón (Tafí Viejo); yo voy adonde me convoquen, con contrato o sin contrato. Es muy difícil conseguir un espacio en los festivales folclóricos por que muchos organizadores piensan que el tango no es folclore y el tango es el folclore de la ciudad. Estos son desafíos para mí, tratar de difundir y encontrar espacios para el tango.

 

¿Cómo fue grabar su primer disco con el bandoneonísta Rubén Juárez?

Mi primera experiencia en un estudio de grabación la tuve a los 14 años cuando grabé un jingle publicitario de “Vino Montecito”, pero este nuevo desafío me imponía una gran responsabilidad. A Rubén lo conocí gracias al tango y en uno de los tantos viajes que hice a Buenos Aires, fue un gran amigo y un tanguero de alma. Ese gordo no se tendría que haber muerto. Con la ayuda Rubén y de Daniel García pude grabar “De Tucumán al obelisco” a mediado de los noventa. Hacer un disco con él (por Juárez) fue un sueño cumplido.

 

Pero la relación de Navarro con el tango no pasa solo por los escenarios. Su programa “Tucumán tango club” pasó por las emisoras y canales más prestigiosos de la provincia y fue el reducto predilecto de muchos aficionados a la música ciudadana. En la actualidad, además de cantar, organiza eventos tangueros donde se le da espacio a nuevos exponentes de la música y el baile.

 

El tango siempre tuvo un lugar de privilegio en la vida de Orlando, quien reconoce que su historia de amor con el canto le dejó el reconocimiento de la gente, muchos momentos y amigos entrañables, pero advierte que la misma no termina acá. Con ese tono imperturbable exclama: “Pibe, yo creo en ese dicho de que el pájaro canta hasta morir”.

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