Escuelas de tango: Ese cálido abrazo que te llena el alma

El tango despertó de su letargo auxiliado por el  baile. Escuelas, academias y milongas nutren a la movida tanguera en Tucumán.

En los últimos 15 años, en Argentina, el tango fue dejando de lado la nostalgia por su época de oro para renovar el espíritu en la actualidad. Este renacimiento de la música ciudadana estuvo fertilizado por los nuevos exponentes de la canción, pero también por ese lenguaje que no  precisa palabras: el baile.

Para la bailarina Mora Godoy, parte de la aprobación internacional que logra el género en el presente se explica a partir de la danza, según contó a la agencia de noticias TELAM en abril de este año. La productora del exitoso musical “Tanguera”, recorrió el mundo con sus espectáculos y hace 11 años que tiene su propia escuela de tango en Capital Federal.

Tucumán no es ajeno a esta realidad. En la provincia la afición por el baile tiene un espacio primordial y cuenta con una cantidad significativa de escuelas, academias y milongas donde se transmite la pasión por los compases rioplatenses.

Enrique Flores es uno de los apasionados por la música arrabalera en Tucumán. Flores tiene diez años de experiencia como instructor de tango, estudió en la escuela de Mora Godoy y enseñó en La Catedral del Tango, la mítica milonga del barrio porteño de Almagro. Actualmente, Flores dicta clases en el salón del Centro Cultural La Veleta, en la capital tucumana Este profesor afirma que para bailar tango sólo hace falta inquietud, ganas y perseverancia. Sin embargo, admite que para el varón puede parecer complicado al comienzo. El hombre cumple un rol fundamental, él es quien se encarga de trasladar a la mujer por el salón y de marcar las figuras (pasos) durante el baile.

Para iniciarse en la danza es necesario ser conciente del propio cuerpo. “Al principio te sentís un poco torpe; es muy habitual tropezar o que tus rodillas choquen con las de tu compañera”, explica el profesor y aclara que la solución es la práctica constante.

El público que asiste a La Veleta son jóvenes estudiantes en su mayoría, pero también hay un número considerable de adultos con profesiones diversas. Enrique expresa que si bien algunos de sus alumnos se acercaron al tango por curiosidad o por la influencia de algún familiar, otros llegaron porque los cautivó la calidez del abrazo. “Es la conexión, la armonía con la otra parte lo que te atrapa y seduce. Es ese abrazo que te llena el alma”, reconoce el tanguero.

Noctámbulos del 2×4

Todos los viernes a la noche, un grupo considerable de devotos del tango se reúne en la milonga Siglo XXI para rendir homenaje a la danza. Micaela Ovejero, una de esos devotos, es profesora de tango desde hace nueve años y seis que enseña en la Sociedad Francesa. Ovejero coincide con la premisa de que no hace falta tener aptitudes especiales para poder bailar tango, sólo se necesita ganas. Aunque, también confiesa que para el hombre puede resultar complicado las primeras clases.

En la Sociedad Francesa las edades de los alumnos oscilan entre los 10 años hasta los 60. “El tango es muy seductor, visualmente atractivo, es precisamente eso lo que engancha a las personas”, revela Micaela.

La enseñanza parte desde la improvisación para luego aplicar un método a medida que el alumno va adquiriendo los conocimientos, puntualiza la profesora. Asimismo, observa que es importante la rotación entre las parejas durante la práctica. “Si uno se acostumbra a bailar con la misma persona, después cuesta adaptarse a otra porque tenemos contextura física distinta, un abrazo distinto, una forma de movernos distinta”, detalla Ovejero.

Una conexión armónica

Otra pareja de jóvenes profesores que transmite su entusiasmo tanguero en el salón de baile es la de Emilia Andrada y Benjamín Galian.  Ellos recorren la pista al ritmo del 2×4 en el “Ideai Tango” desde hace dos años y resaltan que cualquier persona puede bailar tango. “Tenemos desde adolescentes hasta personas mayores”, cuenta Galian. A los jóvenes lo atrae la belleza coreográfica del tango, mientras que a las personas mayores la necesidad de vincularse, de sentir la conexión con la otra parte, asevera el bailarín.

Emilia advierte que como el tango es una danza improvisada,  no hay una norma establecida que diga cómo se tiene que bailar; entonces el método de los profesores es fundamental. Andrada tiene como objetivo esencial que el alumno disfrute del momento y aprenda con seguridad los pasos de baile.

En este tiempo de redes sociales, donde la frialdad de lo virtual  intenta mediatizar las relaciones, el tango brinda la posibilidad de aproximarse al otro con un lenguaje cálido y apacible. Quizá esa necesidad de vínculos fortaleció  el resurgimiento del tango.

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