“Con la ‘Negra’ éramos confidentes”


En una entrevista exclusiva con “Doctrina en Acción”, el popular cantante y compositor argentino Víctor Heredia se refirió a su relación con Mercedes Sosa, la “mami”, como solía llamarla cariñosamente. Además: sus inicios en la música, la censura que sufrió durante la dictadura militar y su intensa lucha por los Derechos Humanos.

“Hola, Negrita. Sé que estarás allí, en algún lugar de nuestro cielo, inaugurando alguna estrella, desde allí, estos huérfanos de tu amor que ahora están más solos que nunca sin tu “serena presencia”, como decía Charly: Comandanta. Porque eso es lo que fuiste para todos nosotros: guía, luz en la oscuridad, hermana, compañera”. Así comienza la conmovedora carta que Víctor Heredia le escribió a Mercedes Sosa poco después de que ella nos dijera adiós. Se amaban. Compartieron 42 años de sus vidas. Por eso, hasta el último suspiro, él estuvo ahí, acompañándola, dándole fuerzas. Era su “mami”. Así lo sentía él, así lo sentía ella.

“Con la ‘Negra’ éramos confidentes. De hecho, siempre me contaba cosas que a Fabián (Matus) no le podía contar, porque yo era su amigo y él su hijo. Tuvimos una amistad muy apretada, muy especial”, confiesa Víctor. Vestido con remera negra, pantalón de jean negro, zapatos negros, todo de negro, dice que el mayor legado que nos dejó Mercedes fue su amor por la diversidad: “Ella cantó con todo el mundo. Nunca esquivó la posibilidad de cantar con un tanguero, con un rockero o con un baladista. Nos enseñó la posibilidad de reconocer al otro sin ningún tipo de envidia. Yo creo que esa es la mejor enseñanza que nos dejó, aparte de su militancia por la vida”.

¿Cómo la conociste?

En el 67, durante el Festival de Cosquín. Mercedes estaba trabajando ahí y me la presentó Alma García, otra tucumana, una docente, poeta y cantora entrañable, que cuando me escuchó cantar me dijo “te tiene que conocer Mercedes”. Y me llevó a conocerla. Fue muy lindo porque, a partir de ahí, surgió una amistad extraordinaria. Desde ese día, ella me cobijó. Tenía un cariño especial por la gente joven, por los que recién empezaban. A mí no me conocía nadie -a pesar de que yo había ganado ese Cosquín- y me llevó a sus conciertos, me pagaba de su bolsillo y hacía que la gente me escuchara obligada. Eso no lo hacen muchos, te diría que muy pocos, entre ellos Mercedes.

Nacido el 24 de enero de 1947 en el barrio porteño de Monserrat -aunque se crió en Paso del Rey (partido de Moreno, Buenos Aires)- tuvo un despertar temprano de su vocación. “De muy chico, yo tenía un gran amor por la música. Primero estudié piano, luego comencé a estudiar guitarra y a componer mis propias canciones”. Sin embargo, durante estos últimos años se mostró más preocupado por su otra pasión: la literatura. Es así que publicó las novelas “Alguien aquí conmigo” (2004), “Rincón del diablo” (2006) y “Mera vida” (2008), el ensayo “La canción verdadera” y el libro de poemas “Aquellos soldaditos de plomo” (2011). Además, recién terminó de escribir su última novela “Los Perros”. “De joven estudié Letras, donde cursé hasta tercer año, pero la carrera de cantor se llevó por delante al estudiante y no pude cumplir con los requisitos de asistencia que tenía la facultad”, revela Víctor.

Un dolor imborrable en su vida lo encarna la última dictadura militar. Más allá de que en aquel entonces fue censurado como artista, ésta aún le provocó una pena más profunda. Su hermana, María Cristina, fue secuestrada junto a su esposo el 17 de junio de 1976 y aún permanece desaparecida. Como si esto fuera poco, un año después murió su padre a causa de una enfermedad, o, mejor dicho, “se lo llevó la tristeza”, como cuenta Víctor.

¿Cómo sobrellevaste el tiempo que estuviste censurado por la última dictadura militar?

Con mucho dolor. Mercedes siempre contaba eso, ya que también le tocó vivir la censura y el exilio. No es grato tener que sufrir la persecución, la censura, la amenaza. Como todo artista, sentía que lo que yo decía era lo que molestaba, así que en cuanto podía lo volvía a decir. En ese sentido soy bastante cabeza dura, a pesar de mis dos exilios, el del 78 en Madrid y el del 80 en Roma.

¿Esa dura experiencia fue la que te impulsó a colaborar con organizaciones de Derechos Humanos?

En realidad, antes de eso, yo ya militaba y tenía un punto de vista político. O sea, mi carrera no cambió en absoluto esa militancia. Todo lo contrario. Justamente, a raíz de haber sido perseguido como artista, eso quizá profundizó mucho más mi necesidad de militar y luchar por la memoria, la verdad y la justicia. Yo fui co-fundador del “Llamamiento por los cien para seguir viviendo” (organización no gubernamental que trabaja por la paz mundial, el desarme total y los derechos del hombre), fui y sigo siendo miembro dela Asambleapermanente por los Derechos Humanos.

Antes, por el difícil momento que vivimos con la dictadura, las letras de canciones expresaban protesta, denuncia. Actualmente la situación es otra. ¿Cuál creés que tiene que ser hoy el rol de la música?

El rol de la música siempre fue el mismo. Esto no quiere decir que uno tenga que inventar una realidad. En esa época, nosotros teníamos una realidad presente que nos indicaba que teníamos que luchar contra ella porque no era lo que nos beneficiaba, todo lo contrario. Nos habían quitado la posibilidad de opinar, de participar y militar en partidos políticos, esa es la herramienta esencial de todo ciudadano. Y nosotros protestábamos contra eso. Creo que hoy los chicos tienen una realidad en la mano de la que pueden agarrarse. No tienen la obligación de ser contestatarios en ese sentido, pero yo creo que es muy valioso, que si echaran una mirada a su alrededor y comentaran lo que pasa, sería extraordinario.

En ese mundo de la música ¿Mercedes dejó un vacío difícil de llenar?

Va a ser muy difícil. Esto pasa con los grandes artistas, hasta que con el pasar de los años, seguramente, llegará alguien que tenga esa capacidad. Pero si uno analiza la vida de Mercedes, el sufrimiento, el empuje, la esperanza, la lucha que llevó adelante, creo que va a ser difícil que alguien tenga la posibilidad de hacer todo eso. Mercedes sigue siendo la voz de América, una voz maravillosa. Pero sobre todo con un sentido de identidad y pertenencia que nos ha dado la posibilidad a los argentinos de compartir nuestra cultura con el resto del mundo.

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