María Elena Walsh: Y siguió cantando

El lunes 10 de enero fue un día caliente. Ese mismo día, Manuelita quedó huérfana de madre. María Elena Walsh había dejado su pluma a un costado para ir quién sabe dónde.

 

Con sus ojos claros y su aspecto gringo, la niña que había nacido en Ramos Mejía, Buenos Aires, el 1 de febrero de 1930 supo destacarse en el arte del relato. “Lo escrito por María Elena configura la obra más importante de todos los tiempos en su género, comparable a la Alicia (en el país de las maravillas) de Lewis Carroll o a Pinocho; una obra que revolucionó la manera en que se entendía la relación entre poesía e infancia”, expresó hace un tiempo el escritor Leopoldo Brizuela acerca de su amiga, que encaja a la perfección en distintas definiciones: fue una poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga y compositora.

Es que la escritora, a lo largo de su vida, fue fértil en producción. Cuando era una joven promesa, el escritor Juan Ramón Jiménez la apadrinó cuando pasó por Buenos Aires, en 1948 y se la llevó a los Estados Unidos. Luego, la muchacha de ojos claros creó mundos de fantasía para miles de niños, algunos de los cuales ya pintan canas.

Sin embargo, durante su carrera no sólo cautivó a los más pequeños. De joven, Walsh tomó contacto con la talentosa tucumana Leda Valladares. Las dos temerarias se instalaron, allá por 1952, en París y regaron al viejo continente con carnavalitos, bagualas y vidalas. Incluso grabaron sus primeros álbumes Chants d’Argentine/ Cantos de Argentina (1954) y Sous le ciel de l’Argentine/ Bajo los cielos de la Argentina (1955), con canciones de tradición oral del folclore andino argentino.

Después, otras letras la hicieron recorrer el mundo con “Como la cigarra” o “Serenata para la tierra de uno” en la voz de, por ejemplo, Mercedes Sosa.

Entrada en años, M.E. Walsh incursionó en el mundo de la novela con Novios de antaño y Fantasmas en el parque y contó parte de su vida a través de esas páginas, revelando aspectos desconocidos de su vida privada y sus tormentosos amores, así como su relación con Sara Facio, su compañera en las últimas tres décadas de su vida.

Y después de tantas páginas escritas, un 10 de enero de 2011que hacía calor y el sol se mostraba implacable, los televisores comenzaron a mostrar que Manuelita quedaba huérfana. A los 80 años, en el Sanatorio de la Trinidad y después de una prolongada internación, la creadora de mundos fantásticos dejaba esta vida. Muchos pararon a ver la noticia y sintieron que algo de infancia partía junto con el cuerpo sin vida de María Elena Walsh hacia el Cementerio de la Chacarita, donde dieron el último adiós a la mujer que al morir trajo pedacitos de infancia viva al presente de los que fueron y son sus admiradores.

 

 

 

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